jueves, 15 de febrero de 2018

Cosquín Rock 2018: El festival del tercer milenio

Pasó la edición número dieciocho del clásico de las sierras y este fue nuestro balance de un festival, que año tras año, siempre dará que hablar.




Un mes y monedas después del comienzo del tercer milenio, nacía un festival que repetiría diecisiete años después, los mismos días dentro del mismo mes para seguir llevándose a cabo. El lugar ya no es la Próspero Molina de la ciudad de Cosquín, para abarcar y albergar mas de una centena de artistas y actividades diversas que acarician el mainstream y coquetean con el under, seducen desde lo clásico a lo alternativo, aúnan lo nuevo con lo de siempre.

Se podría decir que la torta de ochenta mil personas se dividió equitativamente en los dos días, que faltaron solamente La Renga, Divididos y Pity en esta edición, como diría el productor José Palazzo en conferencia de prensa, aunque le podríamos sumar a Charly en esa lista, mas allá de que vuelve a los escenarios (toca hoy en el Teatro Coliseo con entradas agotadas)

Siempre se criticará a los artistas que aun siguen viniendo o los que podrían venir, o que si querés ver a todos, no podes estar mas de tres canciones en un mismo lugar. Ni hablar los que se te pueden pasar por alto, por estar en otro espacio o andar medio empantanado (acordate que estas en el Cosquín Rock y la lluvia tiene prácticamente la misma cantidad de presencias que Las Pelotas). Entonces ante semejante suma de alternativas, el precio de la entrada termina siendo justificable. 



Se habló de poca presencia femenina en los escenarios, pero en el reducido espacio aunque siempre lleno de La Casita del Blues, hubo dos mujeres volanteando el micrófono, una Deborah Dixon y la otra bien cordobesa, la negra Lorena Gómez.

Se podrá decir que cuando toca Ciro nunca llueve pero cuando suben Las Pastillas del Abuelo siempre hay diluvio. Que tocan de nuevo Guasones, La Vela Puerca o Skay, pero aunque para algunos sean la figurita repetida año tras año, no dejan de ser los números mas convocantes (y redituables). 

El show de The Offspring fue aplaudible, saludable y festivo, mas allá del periplo de exclusividad para con el Festival, vinieron solamente a estas latitudes a tocar y se fueron a su rancho. Igual pero con emotividad nostálgica lo de Creedence Clearwater Revisited.

Genial el tremendo espacio y escenario que montó el Cba X/ Córdoba Rockea como así también la cantidad de bandas que por allí pasaron (es el reducto donde se concentró la mayor cantidad de agrupaciones de todo el festival con 37)

El Quilmes Garage y el Universo Geiser tuvieron momentos en que su capacidad se vio excedida (caso de los debutantes Airbag pedidos desde hace tiempo por parte de las masas) y no dejan de ser espacios acogedores (y no por que te cubran de la lluvia) si no por que te dan ese clima casi íntimo que no tenés en el principal o Temático (si hasta Ciro le supo pedir a Palazzo que quería tocar allí y este lo sacó zumbando). 




Como medio cordobés, se hace imposible destacar a alguna banda local de las cuarenta y una que pasaron por el festival. Por que uno que conoce a la mayoría, sabe con la dedicación y cuota de profesionalismo con la que laburan todo el año y poder tocar en el festival mas federal de la Argentina es casi un sueño cumplido, tanto para las que debutaron como para las que reinciden.

La travesía del Cosquín Rock prosigue su marcha. Se vienen las nuevas ediciones de este año en México, Colombia, Perú y el debut en tierras chilenas, mas una a confirmar la semana próxima (textual de José Palazzo en su cuenta de Twitter).








Fotos: (Iara Medina)


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